| Ni siquiera las gaviotas que habitaban en sus ojos lo impedían de perseguir siempre al abismo Ni siquiera las tempestades inhabitadas, obsoletas, turbias de sus manos en vidas pasadas lo salvaban del destino de las quimeras: la congoja y el vacío Ni siquiera el funeral de sus sueños lo hacía temblar en medio de la lluvia No había lugar en este mundo al que le temiera más que al reflejo que le devolvían sus ojos en los míos... Daza |
Daza
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